viernes, 6 de junio de 2014

Y tú, ¿ya procrastinaste el día de hoy?

Xavier Q Farfán

El arte de no hacer hoy, lo que no voy a hacer mañana

   No te me pongas flamenco todavía, mi amigo lector, y deja te explico que los psicólogos tenemos la mala costumbre de inventarles nombres rimbombantes a los trastornos que no podemos arreglar. Es un sistema en el que todos ganamos: el cliente su va a casa con una nueva enfermedad muy elegante y el terapista, como atiende una enfermedad nueva muy elegante, puede aumentar su cobro. ¿No es genial? Aquí nadie pierde con la procrastinación.
   ¿Pero qué rayos significa la palabreja? ¿A quien la invento no se le ocurrió otra menos extraña? ¿es importante para tenerla en mi vocabulario? No lo sé, de veras que no lo se, pero a este término sofisticado le he encontrado tres funciones básicas:
- El semántico, que la define como la tendencia humana, anómala, a postergar acciones y decisiones.
- El práctico, porque puede servir como ejercicio vocal para los tartamudos: "el Rey de la procrastinación es un gran procrastinador y quien lo desprocrastine será un gran desprocrastinador"
- El análogo, porque curiosamente quienes tienen dificultades para pronunciar dicha palabra, resultan ser procrastinadores sin remedio.
   Por primera vez en esta tarde me voy a poner serio y trataré de explicar un poco este desorden emocional, cuyo nombre me parece un alarde etimológico innecesario, pero bueno, yo no lo elegí. La procrastinación, es pues, la tendencia a posponer una actividad que debe realizarse, haciendo otra menos importante y agradable, por una percepción de amenaza, dificultad o peligro. Esto explica, por ejemplo, los hábitos adictivos de ver TV o los videojuegos como medios de evasión ante una actividad incómoda pendiente de realizar. Este trastorno del comportamiento también es señalado como síntoma de otros trastornos, como la depresión. 
   Las personas con esta tendencia, son perfeccionistas, ansiosos, impacientes, tienen miedo al fracaso o se sienten incompetentes ante los retos de la vida. Menudo lío, pero que venturosamente puede llegar a puerto seguro con terapia congnitiva-conductual. Finalmente, esta irregularidad de la conducta se presenta en forma colectiva, por ejemplo, en el hábito generalizado de acudir al banco a pagar los impuestos, solo hasta el último día de plazo.
   Espero, lector, que saber esto te sea útil alguna vez en la vida. Yo por lo pronto ya me voy a procrastinar, aunque pensándolo bien, mejor procrastinaré el día mañana. Namasté

¡Otra vez la sufridera!

Xavier Q Farfán

TERCERA PARTE. FINAL

De un Piojo gritón a un demente con raqueta


A Miguel le van a salir piojos de tanto coraje.


   Seguramente que el tema del futbol sobrevolará este insignificante espacio durante las próximas semanas. Procuraré, paciente lector mío, que sea en dosis potables, aunque debo prevenirte que igual terminaremos con una indigestión marca diablo: vamos a respirar, a comer, a sudar, a llorar, a blasfemar, a rezar futbol. Ya lo verás. Voluntaria o involuntariamente, nos bañara al menos una ola de esta marejada brasileña. 
   Aunque en mi caso la infección futbolera ha sido más lenta, definitivamente no me descarto para la porra aulladora con la que habremos de desperezar a los pupilos de Miguel Herrera, flamante Piojo entrenador nacional, quien sostiene un tórrido romance con la afición mexicana de unos meses a esta parte. Claro que también hay multitudes que no lo soportan, que no-lo-pueden-ver-ni-en-pintura y no es para menos, pues el Piojo ha cultivado con sus desplantes verbales y gestos, tal ojeriza punzante.
   Hace algunos días revisamos, así por encimita, el tema e los temperamentos humanos y el tal Piojo está que ni mandado a hacer para ejemplifcar el tipo colérico. Es en verdad un puñado de polvora con su mecha muy corta, de la variedad que te topas en la calle y mejor le corres. Y también recordamos que los temperamentos son permanentes, genéticos y biológicamente inmodificables, vamos, ni el mismisímo Freud podría inducir un cambio en ellos. Así llegamos y así no vamos. Punto
   Y ya que andamos por estos senderos, y antes de que te pongas verde con tanto rollo, qué te parece, lectorazo querido, si recordamos a deportistas que han dado muestras de su mal carácter, además de nuestro Piojito tricolor.

Eric Cantona, el Enfant terrible del futbol

Eric Cantona, discípulo francés del profesor Miyagi.

       Eric, el karateca de muy mal genio, que además de ser uno de los mejores futbolistas de todos los tiempos, también poseía el don de perder el control con extrema facilidad. Tenía, pues, escaso dominio de sí mismo, y en momentos cruciales, de debilidad emocional, asomaba siempre el demonio que cargaba bajo la camisa del Manchester United. En la foto recordamos aquella demencial patada voladora que le regaló a un aficionado inglés. Este francés, luego e su retiro deportivo, protagonizó algunas películas cuyos temas centrales fueron, sorprendentemente, la violencia y el mal humor. ¿Y por qué no? Hay que sacarle jugo a las cualidades.

Tomás, el Jefe irascible

   No se a ti, lector, pero los tipos explosivos a mí me caen bien, de muy lejos, claro. Es el caso de Tomás Boy, el Jefe, que se carga un genio de las mil chingadas. Y como a todos los coléricos en extremo, al Jefe Boy, también la boca se le sale de madre. Son muy comunes sus pataletas verbales, de las que no es totalmente culpable, pues su reducto temperamental, como ya vimos, no es opcional. Como el Piojo o como Cantona, Tomás es de impulsos cortos, con niveles de tolerancia a la frustración muy bajos que lo ponen siempre en el borde del colapso nervioso. 


¡Pero Tomás, que feo estás!

Mc Enroe, terror de los árbitros

   Para finalizar esta lista sui generis de los tipos furibundos, voy a recordar a un genio de las canchas de tenis, cuyo mal humor no le impidió ser uno de los mejores del mundo, John Mc Enroe, quien a la menor provocación explotaba en imprecaciones para los árbitros. Sólo le faltó agarrarlos a raquetazos. En resumen, ser iracundo no es sinónimo de ser malo o torpe, es una particularidad no elegida con la que tendremos que lidiar siempre. Claro que en los casos descritos se hace más evidente por la exposición mediática y porque el deporte es, per se, competitivo, retador y de mucha tensión. Es como darle una sonaja a un bebe que está en un episodio de risa loca. Namasté.


John, el Demente Mc Enroe

¡Otra vez la sufridera!

Xavier Q Farfán

SEGUNDA PARTE

De las madrizas en Argentina a la esperanza carioca

   Dejémonos pues de las sesudas aproximaciones sociológicas del futbol y platiquemos sólo de futbol, para estar a la moda. No importa que en tres semanas lo andemos vomitando y no queramos saber absolutamente nada del juego del hombre. Ya después, por lo menos una semana de ayuno futbolero total será el antídiarréico indicado para tanto exceso.
   Y si no te parece un abuso de mi parte, lector mío, te voy a confesar que para este Mundial de Brasil no estoy muy entusiasmado: sin exagerarte, no se qué día inicia ni cuál es el juego inaugural; es más, aparte de Brasil y Camerún ignoro cuál es el tercer equipo con el jugará México en la etapa inicial. Y para acabarla de fregar apenas conozco a dos o tres de nuestros jugadores. Al entrenador si lo recuerdo bien, Miguel Herrera, El Piojo, a quien le dedicaré un apunte el día de mañana.
   Esta indiferencia atípica me tiene sorprendido porque para estas fechas ya estaría esperando con tremendas uñas el inicio de la competencia, pero ahora no. Qué curioso. Será el méndigo calor que se está sintiendo por estas tierras, o la carga de trabajo, o la edad, o el sereno. Lo cierto es que esta vez no es igual que otras veces. Sin embargo, el deseo de ver ganar a mi selección, sigue ahí, fiel, como ha sido desde el Mundial Argentina 78. Es un deseo cuarentón ya.
   Y desde entonces empezó la sufridera. A lo mejor tú no lo recuerdas, joven lector, pero yo sí: resulta que para aquella cita austral, nuestros eruditos comentaristas deportivos habían pronosticado que México avanzaría luego de ganar un juego, empatar el siguiente y a lo mejor perder el tercero. Y lo que pasó fue que nuestro equipo regresó con tres madrizas consecutivas bien acomodadas, Para el siguiente evento, España 1982, nuestra selección  no asistió luego de no superar las eliminatorias centroamericanas.
   En 1986 México fue sede por segunda ocasión de una Copa del Mundo, y claro, todos teníamos la certeza de que ahora sí, de que estando en casa podríamos llegar hasta la cocina. Pero no, no sucedió así. Sin embargo, este Mundial nos dejó algunos recuerdos singulares, como el gol tramposo que Maradona metió con la mano, o el memorable, e inocultable, abucheo que recibió el entonces Presidente Miguel de la Madrid en el Estadio Azteca. (En 1985, luego del brutal terremoto que derrumbó gran parte de la Ciudad de México, el Lic. de la Madrid desdeñó el auxilio internacional, diciendo que México no lo necesitaba, que muchas gracias de todos modos. Y claro que lo necesitábamos, con urgencia)
   Para el compromiso mundialista en Italia 90, con la novedad que los directivos del futbol mexicano alteraron las actas de nacimiento de algunos jugadores y así pudieran estar en la justa romana. Acostumbrados como están a no ser cuestionados por tales técnicas deportivas, no contaron con la astucia de la FIFA que les descubrió el truco y en caliente nuestra Selección fue proscrita del evento. Poco les faltó a los fifos prohibirnos, a todos los mexicanos, asistir o siquiera ver por tele aquellos juegos.
   Luego de este vergonzante suceso, nuestro equipo ha asistido regularmente a los mundiales posteriores con resultados de media tabla. Y hemos visto de todo, bueno, casi de todo: partidos en los que nuestro equipo juega como juegan los ángeles y gana, por supuesto, partidos infartantes de empate, derrotas lacrimógenas, goles de antología, gazapos imperdonables; nomás nos está faltando besar la Copa. Ojalá que sea la carioca, a la que besemos por primera vez. De ser así, prometo con solemnidad, en lugar de ir caminando a San Judas Tadeo, comprar las colecciones completas de Roberto Carlos y Nelson Ned. Namasté

 


 
    

martes, 3 de junio de 2014

¡Otra vez la sufridera!

Xavier Q Farfán

Mundial de futbol: la tregua a la realidad

   Faltan apenas unos días para que el mundo se ponga raro como se pone cada cuatro años con el Mundial, ahora en Brasil. Tres semanas de pasmo universal en las que el futbol será nuestro único pan de vida. Es el momento de la renovación de nuestra fe temporal, cuando entregamos nuestra alma tangible a once tipos en shorts y les suplicamos que nos la regresen salva y ganadora, bañada de oro. Supongo que este anhelo es común a todos los habitantes de este planeta: es perfectamente normal querer ser campeones del mundo aunque sea una vez. La mala noticia es que cada cuatro años sólo hay un ganador y los demás, pues a casa con las cajas destempladas. ¡Gracias por participar!
   En mi país, México lindo y querido, no queremos ser la excepción que confirma la norma, ¡no señor!, y cada cuatro años, ritualmente, llenamos nuestro cántaro de la esperanza con la seguridad notariada de que esta vez si nos ganamos la Copa. Hasta ahora no se podido y el cántaro invariablemente termina roto en medio de un charco de lágrimas; sin embargo algún día -si se pudiera este año, mejor- saldrá ileso de la competencia y lo tendremos rebosante de alegrías. Dios lo permita.
   ¿Pero de veras el futbol, en particular el Mundial, es una monumental evasión de nuestra realidad que no acaba de gustarnos? ¿o es simplemente el gozo exacerbado de un deporte, de un juego, que nos gusta tanto? ¿o será esa expectativa feliz de acariciar un trofeo que nos confirme mejores que los demás? Estas preguntas, y cien más, podemos plantearnos sobre el futbol y el comportamiento de las masas. Las respuestas habrá que esperarlas de los especialistas, pero si tu me pidieras, aficionado lector, mi opinión al respecto, te contestaría, según mi corto entender, que es un poco de todo: evasión, gozo y esperanza.
   Los teóricos de la confabulación suponen que este tipo de eventos son creados ex profeso, para mantener a la multitud en estado de éxtasis, y por consecuencia, de indefensión. Es cuando, afirman, los gobiernos toman decisiones impopulares, casi subrepticiamente, para amortiguar la rezongadera del respetable. Tengo para mí que esta conjetura de la intriga no aplica para México, pues los que gobiernan nuestro reino no se esperan al Mundial o a las Olimpiadas; ellos tienen la pasmosa habilidad de decidir cosas muy raritas en cualquier momento. Por lo pronto dejemos que nuestro nivel de paranoia acepte, o rechace, esta hipotóntica, perdón, hipotética versión.
   Finalmente, querido lector, te suplico que dejemos por la paz esta brillante dialéctica, digna de los liceos atenienses más picudos y no concentremos en nuestro tema: el juego del hombre.

continua

lunes, 2 de junio de 2014

Test de la Personalidad

Xavier Q Farfán

    Te dejo este enlace, lectorazo del alma, por si tienes curiosidad de conocer qué tan cercas estás de un percance coronario o de un episodio de ansiedad paralizante. Saberlo no ayuda mucho, pero al menos tendremos un indicio de cómo nos vamos a morir. La buena noticia es que podemos modificar las expectativas.
    Y a tí, ¿te parece que todo saldrá mal en tu negocio, en tu casa, en tu escuela, por el hecho de que no estés? Yo personalmente pienso así, pero cada vez que me voy y regreso, curiosamente las cosas están bien, incluso mejor. Bueno, como decimos los colombianos postizos, ya me voy porque ando de afán. Namasté
   

 http://www.psicoactiva.com/tests/test9.htm

domingo, 1 de junio de 2014

¿Cacería de brujas? ¿Y por qué fregados no?

Xavier Q Farfán

Píldoras de excelencia para México. Segunda dosis

   Hace unas semanas iniciamos el tratamiento intensivo para desterrar de nuestro México una serie de costumbres y creencias funestas que muy poco ayudan para que alcancemos nuestra plenitud como ciudadanos y como hombres de bien; antes bien, son un muro que nosotros mismos construimos y que ahora no podemos saltar para vislumbrar un futuro mejor. 
   Hay quien supone que este estado de cosas es muy conveniente para un grupo de poderosos en particular, dado que una sociedad alienada es más fácil de manipular y conducir, dicen. Tiene sentido, no es descabellado creer así, pero las cosas van más allá de una conspiración largamente planeada: tiene que ver con la satisfacción personal, mínima y temporal, que los mexicanos pretendemos; ese conformismo de banqueta con el que voluntariamente limitamos nuestras capacidades. ¡A la goma con todo esto! 

Ahora sí, a cazar brujas

   Los sociólogos utilizan el término pánico moral para describir la reacción de un sociedad ante una amenaza para su estabilidad por parte de una minoría ajena o próxima. Normalmente es una percepción exagerada, muchas veces falsa, con una respuesta también exagerada. Pongamos por caso a las brujas, perseguidas desde tiempos inmemoriales por sus supuestas prácticas mágicas y de adoración al diablo, muy contrarias a la fe cristiana dominante desde entonces.
   Este término, devaluado como está, ha sido el escudo protector de infinidad de malhechores nacionales con cargos públicos, que invariablemente lo invocan cuando son acusados de algún delito y que casi siempre es robarse el dinero de la hacienda pública.
-"Es una cacería de brujas, yo soy un funcionario íntegro que nunca ha tomado un céntimo de las arcas públicas. Es sólamente un complot en mi contra"-, dice el sospechoso vaquetón y ratero.
 Y como nuestro país es moderno, libre de usos medievales como cazar brujas, el bandido queda libre y perdonado para largarse al Caribe a gastar su dinero mal habido. En algunos casos hasta una disculpa pública exigen, y pues como no cazamos brujas, se la tenemos que dar:
-Perdone usted Licenciado, todo fue producto de una confusión involuntaria muy desagradable, pero para aliviar un poco los daños ocasionados en su persona por este desaguisado legal, aquí tiene unos milloncitos y ojalá algún día los pueda superar. Que Dios lo bendiga-.
   Pero esto ya se acabó: en adelante todos los políticos malvivientes que se atrevan a tocar el dinero público, irán a la cárcel con todo y chivas. Y que agradezcan que no estamos en otras tierras, donde a los ladrones les cortan las manos o les imprimen con fuego en la frente las letras LD (Ladrón despreciable) ¿Te imaginas, paciente lector, a todos los políticos mexicanos pillos muy orondos, paseando por las calles, sin manos?
- Pero, ¿qué le pasó señor Diputado? ¿Porque no tiene usted sus manos? ¿Se las cortaron por ladrón?-
- No, cómo cree usted tal barbaridad, yo soy un hombre decente; lo que pasa es que el otro día estaba jugando a las manitas calientes con el tren, y perdí-. No po´s sí.
   Todos sabemos bien que la cárcel es el castigo por excelencia en México, además no hay otro. Sin embargo lo hemos convertido en un asunto arteramante discresional: en el bote muchos de los que están, no debieran, y los que debieran estar, no están. Yo se que es una perogrullada, pero bueno...
   Se utiliza en los niveles master de las política mexicana, sólo como un amago, para hacer esa demostración, inmoral y grotesca, del músculo entrenado. "No te metas conmigo ni con mis amigos, porque ya sabes". Pero esto ya se acabó. Y también se acabó esa figura indulgente de la "inhabilitación", que es como un caramelo para los funcionarios desleales.
-"Su delito de robar dinero ajeno es muy grave, señor, por lo que lo tendremos que inhabilitar durante 10 años y no podrá ocupar puesto público alguno. Luego de este plazo, y si se le acabare el dinero sucio que ahora lleva, puede usted regresar por más, que aquí lo estaremos esperando muy contentos, para que nos vuelva a ver la cara de pendejos, señor". Namasté


Crónica de una noche en Urgencias

Xavier Q Farfán

El Juramento de Hipócrates, más vigente que nunca

   Desde hace rato traigo la inquietud de contárselo a alguien, pero como se trata de un tema un poco personal me he resistido porque entiendo, amabilísimo lector, que a tí no te importan mis aventuras personales, y si son hospitalarias, menos. Sin embargo, esta tarde me topé con la versión original del Juramento de Hipócrates y de inmediato lo asocié con una experiencia que vivimos mi familia y yo al inicio de este año. ¡Vaya, vaya!, por fin tengo una excusa más o menos decente para venir con el chisme...
   Antes de darte los pormenores de este episodio, ciertamente difícil, permíteme transcribir esta versión de la que te hablo, la clásica, atribuida al médico griego Hipócrates (Siglo V a.C.) y que con adaptaciones según la época y las bases éticas dominantes, los nuevos médicos juran al inicio de su ejercicio profesional.

Juramento hipocrátco clásico

   Juro por Apolo, médico, Esculapio, Higia y Panacea, y pongo por testigos a todos los dioses y diosas, que he de observar el siguiente juramento, que me obligo a cumplir en cuanto ofrezco, poniendo en tal empeño todas mis fuerzas y mi inteligencia.
   Tributaré a mis maestros de Medicina el mismo respeto que a los autores de mis días, partiré con ellos mi fortuna y los socorreré si lo necesitaren; trataré a sus hijos como mis hermanos y si quieren aprender la ciencia, se las enseñaré desinteresadamente y sin un género de recompensa,
   Instruiré con preceptos, lecciones orales y demás modos de enseñanza a mis hijos, a los de mi maestro y a los demás discípulos que se me unan bajo el convenio y juramento que determine la ley médica y a nadie más.
   Estableceré el régimen de los enfermos en la manera que sea más provechosa, según mis facultades y mi entender, evitando todo mal y toda injusticia. No accederé las pretensiones que busquen la administración de venenos, ni sugeriré a nadie cosa semejante; me abstendré de aplicar a mujeres presarios abortivos,
   Pasaré mi vida y ejerceré mi profesión con inocencia y pureza. No ejecutaré la talla, dejando tal operación a los que se dedican a practicarla.
   En cualquier casa donde entre no llevaré otro objetivo que el bien de los enfermos; me libraré de cometer voluntariamente faltas injuriosas o acciones corruptoras y evitaré sobre todo la seducción de mujeres u hombres, libres o esclavos
   Guardaré secreto acerca de lo que oiga y vea en la sociedad por razón de mi ejercicio y que no sea indispensable divulgar, sea o no del dominio de mi profesión, considerando como un deber el ser discreto en tales casos.
   Si observo con fidelidad este juramento, séame concedido gozar felizmente mi vida y mi profesión, honrado siempre entre los hombres; si lo quebranto y soy perjuro, caiga sobre mí la suerte contraria.

   Qué tal con Hipócrates, que les dejó tremendo compromiso a todos los médicos de todos los tiempos y aunque sea un formalismo, y hasta un rito iniciático, si se quiere, reviste relevancia mayúscula dado el delicado asunto de la salud que enfrentan los galenos todos los días. Nobleza obliga, y los recién graduados honran su calidad humana observando religiosamente este Juramento. Y como en todo, habrá doctores que al Juramento de Hipócrates se lo pasean por la ingle. Allá ellos y su karma.
   Pues bien, amigazo del alma, te decía que al iniciar este 2014, Liza, mi hija, tuvo una complicación de su colitis ulcerativa y fue necesario ingresarla al Hospital Morelos del IMSS, aquí en Chihuahua. Luego de las observación por parte de los médicos de guardia de Urgencias, nos avisaron que algo andaba mal, muy mal; que se hacía apremiante una cirugía abdominal para saber que estaba pasando con su colon. Luego de un intercambio de opiniones entre mi esposa y yo, perturbador e innecesario, porque ni mi esposa ni yo somos médicos, y sólo la demoramos, por fin realizaron la operación. Fue necesario extirpar el intestino grueso y las complicaciones no se hicieron esperar.
   Durante dos semanas en cuidados intensivos y sin saber que iba a suceder con mi nena, nuestra única salida fue la oración y la confianza total, ciega, a los cirujanos y enfermeras del Seguro Social. Y claro, Diosito no nos ignoró y guió, como sólo El sabe hacerlo, las manos de los facultativos para que todo fuera mejorando y al cabo de dos meses todos pudiéramos dormir en casa otra vez.
   Fue una temporada agobiante, de sobresaltos, de miedos, de desorden, de dudas, de rebeldías y de un campamento permanente en la Clínica por 60 días. Pero lo más extraordinario, lector mío, es que jamás, ¡ni por un segundo!, recibimos un maltrato , una mala cara, nada, por parte del personal del IMSS. Desde guardias, enfermeras, internistas, administrativos, cirujanos, absolutamente todos fueron amables y profesionales con nosotros. Gustoso haría una lista de todos, pero si se me llegara a olvidar alguno, en la próxima visita me querrá poner una vacuna, y yo, con la pena, pero safo.
   Qué curiosa es la vida: siempre nos pone en nuestro sitio, tarde o temprano. En mi caso me ha dado una lección formidable, pues antes de este trago amarguísimo, mi opinión respecto al IMSS era ruin, para decirlo elegantemente. Por una o dos malas experiencias, ahí estaba el idiota, despotricando y juzgando. Fue difícil, lo admito, pero me tuve que tragar, una por una, cada palabra dicha. Una por una, lentamente, para que no se me olvide nunca. Namasté.